miércoles, 27 de marzo de 2013

Viaje a Chiloé


Día 1: jueves

Partimos del Terminal de Buses en Viña el jueves a las 8:50 de la tarde.  Yo casi no llegué al tiempo para subir al bus antes de que se empezara a mover.  Había salido (con mi mochila grande, prestada de una amiga, mi cartera, que contuvo algunas tareas, mi almuerzo para el otro día, y mi boleto que había comprado el día anterior) de mi casa 40 minutos antes de que el bus se fuera para nuestro destino, Puerto Varas.  Lo que pasó fue que tuve que esperar el metro 10 minutos, lo cual casi nunca pasa, pero por supuesto, sucedió justo el día cuando tenía que estar en un lugar en una hora específica.  No me sirvió ser tan adaptada a la cultura chilena ese día. 

Cuando llegué al terminal de buses, era las 8:48 y según mi boleto, el bus iba a salir a las 8:50.  Gracias a mi amiga, Danielle, con quien estaba viajando, no habían cerrado el compartimiento de maletas, y subí el bus, apurándome como nunca antes en mi vida chilena.  Me senté en mi asiento sin aliento, pero lista y emocionada por poder descansar y hablar con mi compañera por las 14 horas que íbamos a pasar en el bus.

la vista en el bus
Día 2: viernes

l nsol me despertó a las 8:00, brillando por las ventanas del bus y tocando mi cara con sus rayos cálidos.  Pero no fue hasta las 10:30 cuando llegamos a Puerto Varas para disfrutar el día allá antes de ir a Chiloé, nuestro destino final.  Pasamos un ratito en el baño en el terminal de buses, arreglándonos un poco después de una larga noche en el bus, durante la cual vimos un par de películas y dormimos a ratos, pero ¡mejor de lo que pensé!

Después de alistarnos para el día, fuimos al muelle en el centro de Puerto Varas y vimos el lago y el volcán, pero no tuvimos una buena vista de la montaña porque estaba nublado.  Caminamos por el pueblo y encontramos la famosa iglesia católica que queda en el.  Mientras tomábamos fotos de la iglesia y las peticiones que estaban afuera, hablábamos de un proyecto especial de la Danielle que tenía que ver con la iglesia católica y su influencia en la cultura latina.  Para nuestra universidad en Pennsylvania, ella esta investigando (y va a escribir un informe) sobre el abuso en familias latinas y el rol de la iglesia católica dentro de ese tema.  Además de eso, lo que me llamó la atención en esa iglesia fue la cantidad de peticiones, fotos, y carteles que había en frente de la iglesia con flores y velas encendidas.  Me di cuenta de nuevo ese día de cuan fuerte es la fe católica y cuantas personas la practican o la creen, por lo menos como una tradición familiar.
con la iglesia: en el fondo a la izquierda se puede ver el lugar donde se ponen los peticiones

Luego en el día, después de almorzar unos sándwiches grandes de pavo y palta en un restaurant pequeño con un ambiente alemán, fuimos caminando hacia la playa en Puerto Varas, y mientras estábamos en camino encontramos un museo con pinturas de un artista chileno conocido en varios países, Pablo Fierro.  Entramos y nos encontramos con Pablo Fierro, quien nos mostró todo desde sus cuadros de casas antiguas hasta los gatitos que vivían en el segundo piso del museo.  Ver el museo y conocer a este artista por casualidad fue una de las cosas más bacanes de todo nuestro viaje…pero hay que contarles más…no me demoro más en lo que hicimos en Puerto Varas.  Solo pasamos un rato en la playa, recogiendo piedras y arena negra para un recuerdo para la Danielle. 

Tuvimos que tomar un bus esa tarde a Castro, Chiloé, donde íbamos a quedarnos por las dos primeras noches del viaje.  Nos juntamos con dos amigas más en la estación de bus, y después de llegar justo al tiempo (otra vez estresada como estuve yo la primera noche cuando nos fuimos), subimos al bus y empezamos el viaje a la isla.  Para llegar, tuvimos que cruzar el agua en una barca, y vimos la puesta del sol en ella.    
habia mucho viento....y teniamos frio, pero disfrutamos el paseo en el barcito
Por fin, cuando llegamos a Castro, nos dimos cuenta que los dos grupos de chicas habíamos encontrado distintos hostales que tenían el mismo nombre.  Estaba oscuro y la verdad era que no sabíamos dónde quedaba ninguna de los dos.  Por suerte, nos encontramos con unas chilenas que trabajaban para la compañía a la que pertenecían los dos hostales, y ellas nos ayudaron encontrar el que se ubicaba en el mejor lado de Castro.  En definitiva, llegamos a nuestro hostal, Palafito Sur, en la oscuridad con muchas ganas de tomar tesito, conversar de lo que habíamos hecho en el día, y hacer planes para el otro.

Día 3: sábado

Cuando nos despertamos el sábado, desayunamos con los otros huéspedes en el hostal, un rico desayuno de avena, yogurt, fruta, pan, huevos y café.  Y luego de que habíamos terminado de comer, salimos al balcón del hostal, lo cual era un palafito, ¡una casa con piernas!  La vista era lindísima, y allí aprovechemos el sol y un poco de tiempo para compartir, leer la biblia, y orar juntitas antes de empezar la aventura del primer día en Chiloé.
los palafitos

Recorrimos la ciudad pequeña de Castro y después de conocer una iglesia de madera, una de muchas que son famosas en la isla, decidimos ir a un museo de arte moderna que quedaba un poco afuera de la ciudad.  Todos subimos a un colectivo, y con gran suerte, escogimos el mejor conductor, porque decidió que no solo iba a llevarnos al museo, sino también iba a llevarnos a conocer todo el pueblo.  Ramón (así se llamaba) nos dio un tour completo por la ciudad con historias de las leyendas de la isla.  En otras palabras, él era nuestro guía, y aun cuando no pudimos entrar al museo porque estaba cerrado, quería que disfrutáramos el día tanto que nos llevó al cementerio de Castro y nos contó otra historia de una niña que había sido secuestrada y asesinada y como su mamá robó al bebe Jesús de una estatua de la Virgen María que estaba al lado del cementerio, con brazos vacíos.  Ramón hizo todo eso por el costo normal de un viaje en colectivo.

Ramón, explicando la leyenda del dragon y el serpiente
Además de tener nuestro propio chofer, fuimos a una isla pequeña que queda al lado de Chiloé a un festival para limpiar la playa.  Llegamos bastante tarde para ayudar, pero disfrutamos las máquinas de ejercicio que estaban allá.  Fue un día lleno de risa que terminó con helado de chocolate (mi sabor favorito) y buenas conversaciones con nuestros compañeros de hostal, los cuales eran de Italia, Santiago, Alemania, y los Estados Unidos!  Nos acostamos tarde, con el sonido de la lluvia en el techo y con ganas de recorrer más de la bonita isla que habíamos conocido ese día.

Día 4: domingo

Los domingos estoy acostumbrada a ir a mi iglesia, pero durante las primeras semanas en Chile, estuve viajando todos los fines de semanas, así que echaba de menos ir a una iglesia.  Había pensado en ir a una iglesia en Chiloé, pero al final, solo encontré unas iglesias católicas y una de las adventistas del séptimo día.  Además, era ese día que la Danielle y yo queríamos ir al Parque Nacional de Chiloé.  Las otras dos chicas quienes habían estado con nosotras fueron a Ancud en la mañana, pero Danielle y yo decidimos ir luego en el día y juntarnos con ellas para pasar el otro día en ese pueblo. 

En todo caso, la Danielle y yo fuimos a celebrar el domingo de ramos en el parque, disfrutando la naturaleza que declara la gloria de Dios.  Fuimos en bus y cuando llegamos, entramos al centro de visitantes y conseguimos un mapa del parque.  Nos dimos cuenta que había tres senderos cortos que pudimos recorrer en el tiempo que tuvimos.  Los tres senderos eran distintos, y por eso, conocimos un bosque denso, que parecía una selva, unas dunas, y el mar en solo unas pocas horas.  El último sendero que caminamos nos llevó a la playa, y allí, almorzamos, descansamos y nos mojamos los pies en el agua del pacífico.

YO AMO CHILE!
Al fin de la tarde, tuvimos que regresar a Castro para tomar el bus a Ancud.  Llegamos a Ancud cansadas, con nuestras mochilas grandes en nuestras espaldas, y sin mapas (porque las otras dos chicas habían llevado ambos mapas que teníamos).  Localizamos el hostal que se llamaba Mundo Nuevo por hablar con gente en la calle, y de eso, aprendimos que uno siempre debe tener un mapa de la ciudad, un número del hostal, y debe llegar antes de que anochezca para poder encontrar un lugar de hospedaje.  Por fin, después de conocer casi toda la ciudad de Ancud en la oscuridad, llegamos a “Mundo Nuevo,” tomamos tesito para relajarnos un poco, compartimos historias del día con las otras chicas, y nos dormimos emocionadas de pasar nuestro último día juntas, pero listas para terminar el viaje y volver a nuestras casas en Viña.

Día 5: lunes

El lunes nos levantamos tarde, aprovechando el último día sin clases y tarea y planeamos lo que queríamos hacer por el día.  Recorrimos el pueblo de Ancud en la mañana; fuimos a un museo de bomberos, a otro de las iglesias patrimoniales de la isla, y un lugar donde se peleó una de las últimas batallas por la independencia de Chile respeto a España.  Desafortunadamente, otro de los museos que queríamos visitar estaba cerrado, eso significó que salimos de Ancud un poco más temprano que habíamos pensado, cual nos dio un poco más tiempo en la próxima parada (y la última antes de regresar a casa), Puerto Montt.

iglesia de madera en Ancud
Al llegar a Puerto Montt, las otras chicas que estaban conmigo y Danielle nos dijeron que debíamos hacer, porque ellas había visitado la cuidad en su primer día del viaje (antes de ir a Puerto Varas donde nos juntamos).  Según su sugerencia, cruzamos un canal pequeño de agua en un barquito a una isla justo al lado de Puerto Montt, que es una ciudad porteña.  Encima del cerro de la isla había una cruz grande, entonces subimos para ver la cruz y sacar fotos de la cuidad de un punto alto.  Valió la pena subir porque la vista era muy bonita y tuvimos una aventura de la que podríamos escribir en nuestros diarios de vida.


Salimos de Puerto Montt a las 7 de la tarde el lunes, yo con ganas de dormir en mi propia cama.  Pero había que esperar un día más para hacer eso.  De todos modos, pasamos toda la noche en el bus viajando y tratando de dormir.  No dormí muy bien, pero lo bueno de eso fue que vi la salida del sol, con todos sus colores brillantes, lo que me recordó la fidelidad de Dios, quien estaba con nosotros durante todo el viaje y que continúa obrando en mi vida cada día, según su gracia y bondad.

en el bus, justo antes de tratar de dormir

Día 6: martes


Llegamos a Valparaíso a las 10:30 de la mañana, y porque yo tenía una clase a las 11:45 fui directamente del terminal de buses a la oficina de ISA, mi programa de intercambio, y allí me duché y me preparé para el día.  Aparte de tener un tiempo maravilloso en la isla bonita de Chiloé, estaba feliz estar en Valparaíso de nuevo, y sentir que las ciudades hermanas de Valpo y Viña se estuvieran haciendo mi hogar.

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